Iniciando el hábito del club de las 5 AM: día 12

 Todo cambio es difícil al comienzo, desordenado en el medio y hermoso al final. Eso decía más o menos el libro del club de las 5 AM y quizás estoy empezando a experimentar los primeros síntomas del desorden aún muy mezclados con dificultad. Ayer, en actividades de la oficina, me desordené un poco comiendo un par de porciones de torta por el cumpleaños de un colega bien cercano. La ocasión lo ameritaba y no me gusta mucho ser el fome que no quiere aceptar nada por estar en algún tipo de régimen. Luego al almuerzo tomé bebida sin azúcar. Por la tarde, sentí que estaba avanzando poco pero me puse las pilas en las últimas horas del día y me enfoqué en la tarea. Eso me permitió avanzar en un tema que estaba desarrollando y me sentí bien al terminar parte importante de ello. Luego en la casa, me encontré con una carta con una citación al municipio porque descubrieron que tenía un inicio de actividades económicas de hace 10 años atrás, quizás más. Esa fue una mala noticia y me desordenó un poco la noche. Pero a respirar profundo y pensar positivo. Finalmente, quizás movido con esto último y con la proximidad del fin de mes y de más y más cuentas por vencer y las ya muy vencidas, me vino la ansiedad por buscar una forma de generar ingresos a corto plazo y me desordené mirando la pantalla del celular hasta cuando estaba por dormir, lo que ya sabemos significa un sueño de menor calidad.

Esta mañana pagué las consecuencias y me costó muchísimo incorporarme. Siguiendo el nuevo hábito de levantarme a las 5, apenas sonó la alarma me paré de inmediato. Mi mente ya sabe que debo hacer eso o no lograré cumplir con este primer reto de cada día. Hice mis ejercicios y los primeros 3 a 4 minutos seguía sin poder abrir los ojos. Finalmente logré más o menos despertar. El siguiente reto, es ducharme con agua fría y estuve a punto de postergarlo pero finalmente lo hice.

Los beneficios de culminar estas pequeñas tareas comienzan a disfrutarse en los momentos siguientes. La sensación de mirar la hora y ver que ya hiciste la actividad previa es hermosa. Por ejemplo, mientras escribo estas líneas, recuerdo que ya estoy duchado y con la tarea de los primeros veinte minutos de ejercicio realizada, y me eso me anima.

Un ejercicio que comencé a hacer consciente ayer, es el de controlar un ratito la respiración. Escuché que el aire limpia nuestro cuerpo, y aunque eso lo supimos en el colegio, ahora me hace sentido. He estado tomando agua, he intentado mejorar un poco las cantidades de mi alimentación y ahora puedo incorporar conscientemente algunos ejercicios de respiración que beneficiarán a mi cuerpo.

También me siento brevemente más delgado y más fuerte. Recuerdo los primeros días que fueron duros, porque concidieron además con una actividad deportiva en el trabajo, lo que hizo que al tercer o cuarto día del hábito casi no me pudiera mover del dolor a ratos, tanto en la mañana como en el resto del día.

Hoy los dolores son más esporádicos y la sensación de fortaleza, por pequeña que sea, comienza a visitarme más a menudo.

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