jueves, mayo 04, 2006

Chess...

Creo que tenía unos 7 años cuando mi papá me enseñó a jugar Ajedrez. Recuerdo que era un tablero muy pequeño que compramos con esa finalidad, con esas piezas que se pegaban con un imán, y que me sentía muy contento porque que mi papá se diera el tiempo de enseñarme las reglas y porque consideraba que ya era lo suficientemente inteligente como para practicar un juego como ese.

Casi todas las veces que he querido enseñarle a alguien a jugar, me dicen que prefieren las damas. Que eso es más fácil, que les aburre el ajedrez o que no tienen las capacidades para practicar ese tipo de juegos. Otras veces me he encontrado con jugadores que por ganarte una partida se consideran infinitamente superiores a tí, y no quieren jugar nunca más, o se consideran tontos o heridos en su orgullo.

Hace tiempo que no juego pero al ver casos como los problemas de Julio César Rodriguez en la farándula, los condoros del Ministerio de Transportes con la 651 y la 329 en el transantiago, o mis propias relaciones públicas, pienso en la importancia de pensar en forma estratégica y mantener la concentración, cuidado y calma necesarias en el juego del chess...

En este sentido hay dos opciones, jugar con o sin reloj. Cuando el tiempo es tu enemigo, lo mejor es sentarse a jugar con práctica, preparación, decisión y valentía. Cuando no hay reloj, viene la tremenda lucha con la impaciencia. Creo que en los dos casos, existe un proceso de pensar en las jugadas con mucho tiempo, ya sea entrenando antes del reloj, o durante el juego mismo si se tiene la oportunidad de jugar sin reloj.

El ajedrez... un juego muy bonito que podría tener una utilidad insospechada.
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