jueves, febrero 15, 2007

Mi primera experiencia con el Transantiago

El otro día me quedé dormido en la tarde con mi tarjeta multivía en el bolsillo de la polera, sobre la cama. Creo que después la ví debajo de mi cuerpo y esa debe haber sido la última vez que la vi.

Esta mañana por fin salí a interactuar con el nuevo sistema de transporte de la ciudad, y cuando me acordé de la tarjetita por si andaba en metro, no la encontré por ninguna parte. Al contrario, me encontré con una tremenda araña.

Debo decir que mi primera vez con el transantiago fue bastante entretenida. Llegando al paradero de siempre me encontré con un bus troncal que se lleno a las pocas cuadras, pero del cual me pude bajar para hacer un transbordo hacia otro troncal más útil.

Un transbordo limpio y eficiente porque los buses de la 401 pasaban uno tras otro y hasta me pude venir sentado. Un recorrido directo hacia el centro que muchas veces soñé y que por fin se hacía realidad, excepto por el pequeño gran detalle de que al llegar a Las Rejas, la micro se repletó en sus puertas y era imposible bajarse. "Filo, total voy hasta Estación Central, ahí veo" me dije.

Pasando por mi destino era imposible bajarse así que continué hacia el centro, donde también habían oficinas del servicio al cual tenía que ir a hacer un trámite. Justo donde iba se bajó harta gente, frente a La Moneda, y aproveché de salir expulsado del bus oruga antes de quedar atrapado para siempre.

Cuando quise volver a casa, todo esto alrededor del medio día, me di cuenta que por la Alameda todos los buses iban llenos y que casi no había opciones de subirse a una micro. Entonces, recordando los consejos de las autoridades se me ocurrió buscar una variante nueva, e irme hasta Av. Matta para tomar otro troncal, que probablemente iría más vacío.

Error, porque tanto en Teatinos como en San Martín, los buses brillaban por su ausencia, y la gente estaba con los ánimos muy caldeados. Así que después de pasar un buen rato esperando y dando jugo, volví a la Alameda para tomar cualquier cosa, y acercarme hacia la Estación Central.

A los pocos minutos vi una niña bien linda que trataba de orientar a algunas personas y el carabinero de turno le empezó a meter conversa. Disimuladamente me acerqué, para puro meter la cuchara porque yo no necesitaba orientación, pero sí tenía ganas de conversar con la niña, y aunque nunca me tuve mucha fe, terminamos conversando y viajando en el mismo bus, colgando y apretados por la gente.

Creo que de todos los años que vivo en Santiago, primera vez que conozco una mina nn en la micro, y el viaje se me hizo ultra entretenido. En todo caso, al final supe que tenía pololo así que no me molesté en establecer algún contacto futuro, pero sí lo pasé re bien en el viaje.

Una vez llegando a las cercanías de mi villa, me tuve que bajar del bus para combinar con un alimentador, y para mi sorpresa, me equivoqué de esquina y nunca pasaba por ahí el famoso bus verde. Aunque sí pasaba un troncal, que según mis compañeros de paradero, hace 20 minutos que no pasaba.

Medio impaciente y con mucho calor, me dio lata esperar ese bus, que además era medio fome porque ya me sabía el recorrido, así que comencé a caminar varias cuadras hasta otra avenida donde sí tomé un alimentador, luego de haber caminado una media hora, y esperado otros 10 minutos bajo la sombra de un arbolito.

Resultado final: Los tiempos de viaje efectivamente son menores arriba del bus, pero los tiempos de espera en los paraderos se volvieron algo azarosos. Eso igual me agrada, porque últimamente se había perdido esa característica tan de las micros amarillas, en que si tenías suerte de encontrar una micro altiro, y con un conductor loco, podías llegar a tiempo a cualquier destino, y ahora cuando aparecieron los oruga con recorridos amarillos, era imposible llegar a la hora si no salías con tiempo. (Ahora sí te transformas en una sardina con suerte, puedes lograrlo)

Ahora hay que acostumbrarse a los recorridos, sus frecuencias, y los puntos conflictivos, para encontrar la mejor manera de realizar nuestros viajes, conjugando comodidad y tiempo. Es decir, si descubres en qué parte se inicia el trayecto de un alimentador, te podrías ir sentado pero demorar ene, o si descubres en que parte se bajan varias personas y te puedes colar por un espacio, te puedes demorar menos, pero andar apretado.

En todo caso, me gusta el cambio. Por lo menos hoy me divertí.
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