sábado, enero 07, 2012

Pensamientos de madrugada

Hace un rato leyendo a un ex compañero en facebook que discutía sobre los anarquistas con un cabro chico que aún no sale del Colegio, me di cuenta que el tipo a los 16 años tiene casi justo la mitad de nuestra edad.

Una edad que me cuesta asumir y que me pilla casado, tratando de sobrevivir por las mías, a cargo de mi propia famila y con dos hermosas hijas  que cada día están más grandes.

Y las cosas definitivamente han cambiado. Hace 16 años, de madrugada probablemente a esta misma hora, me pude haber encontrado en el silencio de la noche, solo en mi dormitorio y con una pequeña luz, escribiendo ideas locas en un pequeño cuaderno de hojas amarillas, soñando con el amor y con encontrar a mi media naranja en la vida y esperando que nunca jamás alguien encuentre dichas hojas, ya que su finalidad era solo escribir para mí y estirar un poco la mente y las manos.

Hoy vuelvo a estar sentado frente a un cuaderno y de noche, aunque esta vez un cuaderno digital, con un computador de aquellos que tanto me gustan, recordando más en vez de soñar, quizás un poco más consciente de que la vida hay que vivirla y lucharla y sin importarme si alguien lee estas letras, o mejor dicho, queriendo que cualquiera las pueda leer cuando quiera y dejar constancia de que alguna vez existí, sentí y pensé cosas, con la misma intensidad como cuando uno conversa con algún amigo, acompañado de un par de tragos, o cuando conversa con su media naranja, que dicho sea de paso en este minuto duerme junto a mis princesas descansando para mañana sábado volver a trabajar.

Y es que tengo que decirlo, mi señora esposa es una tremenda mujer, a la que algunas veces me dan ganas de mandarla a la punta del cerro porque no respeta mi flojera ni mis malas costumbres, pero que tiene una fuerza envidiable para criar a nuestras hermosas hijas, hacer las cosas de la casa con una obsesión en la limpieza y el orden, y además trabajar de lunes a domingo en una pega que significa estar todo el día de pie sin la opción de tomar asiento la mayoría de las veces. Yo sencillamente no podría.

Por eso y por tantas otras cosas, puedo decir que soy un afortunado, con una hermosa familia que me quiere y me apoya, ya sean mis princesas Camila, Antonella y Lissette, como mis padres y hermana que en estos días disfrutan de sus vacaciones en su parcela soñada en el sur.


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