viernes, julio 21, 2006

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Luego de una semana complicada, decidí desaparecer la noche del jueves e irme directo a la cama sin pescar lo que sucediera en la web de Industrias. (Mi segundo trabajo por obligación)

Ya estaba destruido con los problemas del banco, y más encima todas las noches llegaba a la casa a puro ver problemas de la web, así que necesitaba parar un día y reponer fuerzas para el largo fin de semana que se me venía encima solucionando todas esas cosas y otras más como les comentaba en el post anterior.

Hoy viernes me levanté a la hora del loly y mi único objetivo era cumplir con ir a la capacitación pactada al medio día, y a la reunión semanal donde se resumen los resultados obtenidos por el grupo durante toda la semana.

Con una hora y media de atraso, decidí abandonar mi rutina habitual de irme en colectivo, y tomé una micro con toda la calma del mundo. Me llevé uno de los libros que estaba leyendo antes de cambiar de trabajo, y llegué a la oficina apenas a saludar a mis compañeros. De la nada salió la oportunidad de ir a visitar una sucursal, luego fui a capacitación, el almuerzo gigante que me dejó vuelto loco, y finalmente la reunión antes mencionada.

Cuando pensaba que todo iba terrible, se me ocurrió la genial idea de ser honesto y reconocer ante todos mi principal dificultad: "Tengo pánico de llamar por teléfono para capturar nuevos clientes"

Pero antes de lanzarme a la piscina, nuestra jefa inicia la reunión retando a todo el mundo porque no le hicieron unos informes y reconociendo ante todos que el único que cumplió con la misión fui yo, algo que los dejó a todos helados y me hizo quedar como Rey.

Envalentonado por la sorpresa de ser el único que había cumplido con la petición de la jefa, aproveché de agradecer a todo el grupo por el buen recibimiento que nos han dado y con eso hasta logré hacer que pasara piola mi nula efectividad en ventas durante la semana. Como diría alguien por ahí, me vendí bien.

Al terminar la reunión, varios compañeros más experimentados me dieron consejos para superar los miedos al llamado telefónico, y al final me quedé con una sensación de que las cosas no van tan mal y que voy por el camino correcto, aunque no tan rápido como pensaba, pero bien al fin.

Así que volví a comprar las revistas que leía antes, a leer el diario, a escribir en mi blog, a descansar un poquito, y ahora me lanzo a terminar las tareas para la casa que tengo pendientes para salir de una vez por todas del millón de cachos en los que estoy metido.

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