domingo, marzo 12, 2006

Fue un accidente...

Ayer reflexionaba sobre los sucesos del día viernes y me di cuenta que pocas veces en la vida me arrepiento de lo que hago. Generalmente me rijo por la idea de que todas mis decisiones se basan en la mejor alternativa de acuerdo a la información disponible en ese instante, tal como le decía a emparejada en su blog.

Resulta que el viernes me dio un ataque de responsabilidad y me levanté a las 5 de la mañana a pesar de haberme acostado sólo dos horas antes. Entonces trabajé a full durante toda la mañana, e incluso hice un par de horas extras esperando a mi amigo Guillermo.

Una vez reunidos en la tarde, nos fuimos a la pirámide a tomar cerveza, algo que no revestía mayor gravedad si consideraba que durante todo el verano jamás me había hecho mal el trago, y que incluso el domingo pasado en una tarde familiar me había tomado el doble de lo que tomé el viernes, con 100% de resistencia.

El problema es que ahora había dormido mal, había trabajado ene en la mañana, y mi cuerpo estaba cansadísimo. Además era viernes, es decir había un cansancio acumulado luego de una semana de un estrés típico de inicio de semestre en mi cargo.

Era de noche y lo único que quería era dormir, pero mis partners aún querían más guerra y fuimos al supermercado a comprar no sé qué cosas. A esa hora yo apenas sabía donde estaba parado y sólo quería llegar a mi cama, así que tomé mi computador, mis libros y mis otras cosas y partí directo hacia la primera micro que encontré, apenas despidiéndome de mis amigos que desde el auto me miraban con incredulidad.

Hasta ahí todo medianamente bien, había tomado una decisión ariesgada pero que yo consideraba la mejor y más segura. Pero cometí el error de sentarme al revés en la micro, en esos asientos que dan la espalda al sentido de marcha del bus, y más encima en los últimos asientos de un bus cuncuna que es como andar en una batidora.

Desperté en la Alameda con San Antonio con arcadas, vi que unos pasajeros tocaron el timbre y que el bus se detuvo, por lo que me paré como pude para bajarme. Mientras la puerta se abría no me pude contener y vomité la chaqueta del tipo que se iba bajando. Cuando éste me quiso decir algo, ya era muy tarde y me encontraba en plena Alameda vaciando el poco almuerzo de la tarde. El tipo se debe haber dado cuenta que le convenía más asumir en silencio su mala fortuna.

Al día siguiente recordé con arrepentimiento esta situación. Pensaba en aquel inocente pasajero que no tenía la culpa de mi irresponsabilidad. Yo lo pasé bien, pero quizás le eché a perder la noche a otro personaje. Y no había forma de volver atrás, de pedir disculpas. Es como si hubiese atropellado a otra persona por conducir mi auto borracho. Un accidente... fue un accidente, como cuando topé el auto en un costado, como cuando mi viejo lo topó de la misma forma y por fin comprendió que a todos nos pasa.

Y uno dice... y si hubiera hecho esto?.... en fin, creo que por primera vez me arrepiento de algo. Menos mal que no fue nada grave.

Finalmente, creo que también fue un error andar con un notebook, una cámara digital, un mp3 player (que rodó por la calle pero en mi borrachera lo recogí "por si acaso") y un celular de bastante buena generación, en ese estado por plena Alameda, deambulando vomitado y sin rumbo...

Publicar un comentario

Google+ Followers